Vacío del bueno

El hombre estaba hueco. No vacío, ni perdido espiritualmente y esas cosas. Estaba hueco.
Lo descubrió porque un día había más silencio de lo normal. Se echó un trozo de pan a la boca y cuando tragó, oyó: ‘Plonc’. Parecía que algo había caído al vacío.

Se echó otro trozo de pan y volvió a ocurrir lo mismo. ‘Plonc’. Empezó a meterse por la garganta todo lo que tenía a su alrededor. Un vaso, una botella de Fairy, un ventilador.

Todo sonaba como si después de la campanilla asomara un barranco seco. Como si el vacío literal, efectivamente, fuese más profundo que el poético.

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MAR ABAD - 2017
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