Las termitas de las letras

Empezaron por el punto final. A los dos segundos no quedaba texto.
Parecía un caso aislado pero en tres días vieron que habían desaparecido billones de documentos.

Al principio pensaron que era un virus informático pero erraron. Era algo mucho más violento. Algo desconocido hasta entonces. Eran termitas semánticas diseñadas en laboratorio.

Las hormigas caníbales empezaron por los textos digitales pero en dos semanas acabaron el trabajo. Dejaron los discos duros y hasta la mismísima nube limpios de caracteres. Entonces salieron por las ranuras de los USB y se lanzaron a los papeles que veían por los despachos.

El pánico y el caos se adueñaron del planeta. Vivir sin palabras era peor que vivir sin amor. Nada funcionaba. Nada valía. Nada quedaba.

Alguien debió sujetar a Tupperberg cuando, desde su laboratorio, puso a trabajar a sus secuaces para proclamar el fin del mundo escrito.

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MAR ABAD - 2017
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