El plastihumano

Prometían que para mediados del siglo XXI los humanos acabarían convertidos en un amasijo de tornillos y cables, pero lo que en realidad ha ocurrido es que hoy son un bulto compacto de plástico y piel.

Los cíborgs se quedaron sin su tierra prometida en el planeta Tierra y en su lugar han aparecido hordas de plastihumanos rellenos de polietilenos, tereftalatos y pelotillas de corcho. En cada pez que comen hay cientos de hilos de todo tipo de plásticos; en cada sorbo que tragan hay cientos de hebras de plásticos de todo tipo.

Es una evolución natural; la única forma de sobrevivir en un mundo donde ya no hay mares, sino océanos de plástico. Donde ya no hay montañas, sino cumbres de botellas Evián.

Los científicos han constatado que el plástico ha cambiado el sentido del placer. Acariciar a un plastihumano es como resbalarse por la nada. Pero lo que aún no han llegado a acertar es qué tipo de pensamientos produce un cerebro plastificado. Y en eso se ocupan hoy. Antes de que la bola del mundo acabe asfixiada en papel de celofán.

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MAR ABAD - 2018
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